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Aquí encontrarás distintos artículos sobre estos temas que nos parecen interesantes, tanto nuestros como de otros autores.

EL HAMBRE DE RECONOCIMIENTO 

«No puede existir amor sin conocimiento en el otro,
ni libertad sin reconocimiento recíproco.»
(Jürgen Habermas -2001)

Por Rosa Medinilla

Las personas, en su desarrollo y desde el nacimiento, necesitamos el reconocimiento del entorno, ya que de esa forma queda refrendada nuestra existencia. No existe ninguna función animal que se complete a sí misma sin entorno. La relación con el entorno no es solo física, si no también social. El reconocimiento se realiza en  el campo organismo-entorno donde tiene lugar la experiencia.

A todos nos gusta que nos aplaudan, que nos hagan cumplidos y nos alaben. Nos sentimos bien cuando nos acarician mentalmente. ¿Quién iba a querer renunciar a todo esto? La búsqueda de reconocimiento, se convierte en hambre cuando hay una necesidad de apoyo y alabanza para cada acción que  se emprende.

Lo singular es que abarca, innumerables actividades y aspectos, ya que el reconocimiento, de entrada, puede ser material o inmaterial, como riqueza y honores, puede implicar el ejercicio de poder sobre otras personas, o bien la confirmación de existir que recibe el niño, en algo tan sencillo como cuando, por ejemplo, se pone a cantar y el  adulto u otro niño se detienen a escucharle, o cantan con él.

Así mismo la aspiración al reconocimiento puede ser consciente o inconsciente y pone en marcha mecanismos conscientes o no conscientes. Podemos estar pendientes de captar la atención o la mirada del otro por diferentes aspectos de nuestro ser, como el físico, la voz, la inteligencia, la  bondad, la destreza, el trabajo, o la vestimenta la cual escogemos en función de los otros: para gustar, seducir, destacar, parecernos a alguien, o simplemente para decirles que nos son indiferentes. Si por algún motivo (p. ej. pobreza)  nos vemos privados de poder vestir como queremos, nos podemos sentir paralizados o disminuidos frente a los otros.

Las diferentes formas de reconocimiento no pueden sustituirse entre sí, aunque a veces aporten un consuelo. Necesitamos ser reconocidos, tanto en el plano profesional como en las relaciones personales, en el amor y en la amistad. Que nuestros amigos sigan fieles a nosotros no nos compensa de la pérdida del amor. El fracaso en nuestra vida laboral no es borrado por la intensidad de nuestra vida privada. Una persona que ha invertido lo esencial de su necesidad de reconocimiento en el dominio público y ya no recibe allí ninguna atención, de pronto se descubre con la impresión de no existir en absoluto.